Preguntas que te pueden surgir

Lo recomendable es que las primeras sesiones tengan una frecuencia semanal, una vez que se ha comenzado con la intervención la propia terapia te pide algo más de tiempo para poder ir trabajando en casa lo que vemos en consulta. Eso sí, cada persona es diferente, por lo que podemos ver tu caso específico durante la primera sesión.

Cada persona es diferente: hay quienes notan mejorías tras las primeras 3 o 4 sesiones, y quienes necesitan algo más de tiempo. Lo importante es que en todo momento vas a saber cuál es el plan de trabajo y lo que queremos conseguir. Tener claridad sobre el proceso te permite avanzar con confianza, sabiendo que cada paso tiene un propósito.

Cuando llevas mucho tiempo así, es fácil olvidar cómo se siente estar bien. Y sí, se puede volver. No quiere decir que los malos días desaparezcan por completo, pero sí que dejen de ser el centro de tu vida. Que la ansiedad deje de aparecer sin avisar, y que el vacío se vaya llenando poco a poco. Trabajo con un enfoque validado por la ciencia, con herramientas que han demostrado su eficacia y que adapto a ti y a tu ritmo. No es magia, es un proceso, y es efectivo.

No, el tratamiento farmacológico solo es necesario en algunos casos concretos. Intento que la intervención psicológica sea siempre la primera opción, y en caso de necesitarlo, recomiendo la colaboración de un psiquiatra siempre teniendo presente que las pastillas son un “empujón” a la intervención psicológica, y que se deben de retirar una vez se haya conseguido cierta estabilidad.

Sí. Muchas personas con ansiedad o depresión mantienen su trabajo, su familia y su rutina. Por fuera parece que todo va bien, pero por dentro están agotadas y sufren mucho. Eso no significa que no necesiten ayuda.

Es un miedo muy válido, te soy sincera: no todas las terapias ni todos los profesionales encajan con todas las personas. Por eso la llamada inicial es sin compromiso. Es para ver si conectamos, si te sientes cómoda y si crees que puedo ayudarte. Si después de esa llamada no lo ves claro, no pasa nada. Lo importante es que des el paso de preguntar.

En mi experiencia, ocurre justo al revés. Llegas con la cabeza hecha un lío, con todo mezclado y sintiendo que nadie te entiende. Y al hablar, al sentirte escuchada, suele ser un alivio. Poner palabras a lo que te ocurre y ordenar las ideas ya de por sí ayuda mucho. Puede haber momentos incómodos, pero siempre respetaremos tus ritmos. En su conjunto, suele ser más liberador que doloroso.

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